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Danzón eterno |
Por:
Pedro de la Hoz | La Habana
Jefe, secciòn espectàculos diario Granma)
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Tradición
y renovación de un género cubano que registra un reconocimiento
internacional impensado en estos primeros años del siglo
XXI. El hecho de que el danzón se haya recuperado como modelo
vivo, y no como arqueología musical o mera referencia histórica,
es importante para la salud del panorama sonoro de la Isla.
No fueron únicamente los nostálgicos, esos que enamoraron
décadas atrás a la primera novia bailando en el mínimo
espacio de "un solo ladrillito", los que colmaron los
espacios del Festival Danzón Habana, que en la capital cubana
y varias localidades en las cercanías quiso fijar a finales
de marzo la jerarquía del género.
Había
mucha gente joven en los auditorios, avezados y curiosos, imantados
por una música que conectaba de manera impresionante con
su manera de concebir y disfrutar la música popular cubana
contemporánea. Siempre
hubo alguien que dijo: "Los jóvenes saben escuchar el
danzón, pero no lo bailan". No es cuestión de
ahora. Desde la mitad del siglo pasado la coreografía danzonera,
tal como se le entendía en aquella época, dejó
de bailarse. Solo unas pocas parejas parecen darse lustre con tan
sutiles y complicados pasillos.
Sin
embargo, el hecho de que el danzón se haya recuperado como
modelo vivo, y no como arqueología musical o mera referencia
histórica, es importante para la salud del panorama sonoro
de la Isla.
En honor a la verdad, el danzón comenzó su reconsideración
a mediados de la pasada década en el extranjero, antes de
su renovada circulación dentro del país.
Hay
quienes asocian ese rescate al fenómeno Buenavista Social
Club. Ciertamente, el célebre disco concebido por Juan de
Marcos González, toma su nombre de un danzón incluido
en el fonograma. Pero debe situarse como antecedente un disco que
tuvo especial repercusión en Francia un poco antes de que
Buenavista adquiriera dimensión internacional: Barbarísimo,
protagonizado por el pianista Frank Emilio Flynn y Los Amigos para
el sello Milán Records.
Sería
bueno que los interesados en el tema repasaran las versiones danzoneras
de Frank, y de modo particular, la de Buenavista Social Club (en
el disco se titula Social Club Buenavista), por el filin del teclado
del maestro y el alcance melódico de la flauta de Orlando
Valle (Maraca).
A
partir de ese momento no han faltado danzones en las presentaciones
y los registros discográficos de la saga de BSC. El filón
de oro ha traído a primeros planos el quehacer de pianistas
como Guillermo Rubalcaba y su hijo Jesús y en el "revival"
de agrupaciones como la Orquesta Aragón, en su nueva etapa
con el sello Lusáfrica, la Charanga All Stars y, aún
más reciente, la Charanga de Oro, que dirige José
Loyola Fernández, el danzón ha ocupado un lugar privilegiado.
Me
gustaría comentar grosso modo el carácter de la recepción
contemporánea del danzón. Tanto en públicos
foráneos como domésticos se observa, como apuntábamos
al principio de esta nota, un desplazamiento del interés
bailable hacia el que define la función de concierto. Interesa
más cómo lo que se escucha que la apropiación
rítmica para el baile.
Pienso
que ello se deba, de una parte, a la revaloración de la complejidad
intrínseca del género, y de otra, a su identificación
operativa con el espectro que desde hace unas tres décadas
abarca el entorno jazzístico en casi todo el mundo.
Una
prueba de ello se tuvo, mucho antes de Buenavista, cuando en ocasión
del centenario de la primera edición conocida de un danzón
-"Las alturas de Simpson", del matancero Miguel Faílde-,
Irakere, con su fundador Chucho Valdés al frente, ejecutó
"Cien años de juventud".
La
pieza, que ha vuelto a ser grabada para el disco Irakere 30 años
(EGREM, 2004) con un formidable duelo de trompetas a cargo de Basilio
Márquez y Alexander Brown, inserta en el molde genérico
elementos jazzísticos procedentes del bebop con ciertos toques
funkies, lo cual constituyó una novedad para su tiempo, como
lo fue también por entonces "Valle de Picadura",
en el temprano repertorio de esa banda para lucimiento del piano
de Chucho y el saxo de Paquito D'Rivera.
Vale
decir, además, cómo sobre la base del ejemplo de Frank
Emilio, otros jazzistas cubanos continuaron incorporando los hallazgos
danzoneros a la órbita del jazz latino, como han sido los
casos de los pianistas Ernán López Nussa, Ramón
Valle, Gabriel Hernández, Emiliano Salvador y Pucho López
y el flautista Maraca, cuyo "Danzón barroco" pudiera
figurar en la más exigente antología del género.

Fue
Maraca, precisamente, quien dio una de las claves para entender
la atracción del danzón en públicos de nuestros
días: "A la gente le encanta el virtuosismo y la autenticidad,
y si hay un género donde ambas cosas van juntas en la música
cubana, ese es el danzón".
Abril
2004
Importante:
Se puede bajar y usar las fotos libremente
siempre cuando se cita AmericaSalsa.com
como fuente
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