Pensé
que llegaba en un buen horario, quizás hasta temprano,
el reloj aún no daba la medianoche de ese domingo víspera
de feriado y todos sabemos que los días así actúan
casi como un sábado, la gente demora, llega tarde, muy
tarde.
Pensé
que iba a encontrar poco público, que el cambio de lugar
a última hora, casi de improviso, había sido perjudicial,
que la inestabilidad genera inseguridad y ante una posibilidad
insegura la gente opta por la propuesta estable, aunque no satisfaga
su deseo.
Pensé,
pensé, pensé un sinnúmero de posibilidades
pero la realidad echó por tierra todas esas elucubraciones.
El lugar queda
a una cuadra de Monroe y Av del Libertador en el porteño
barrio de Belgrano, al llegar a la puerta de calle la música
sonaba leve y lejana, un largo y solitario pasillo me dió
la bienvenida, y una escalera a su término, de la que provenía
un apagado murmullo, era el indicio que la cosa pasaba arriba.
Al subir cada
escalón iba sumando incertidumbre, al llegar al rellano
de la escalera ya el rumor había crecido, se identificaban
voces y una salsa de fondo….y ya en el piso superior la
sorpresa fue mayúscula, el lugar atiborrado de gente, y
un clima de excitación y algarabía inundaba el ámbito.
Encontré
mucha gente conocida, muchas caras amigas, entre ellos a los organizadores
Gregorio Rangel y Carlos Trujillo a los que no pude menos que
felicitar por el éxito de la reunión, vi. mucha
gente bailando, vi muchas sonrisas, vi rostros felices, vi alegría,
no estuve mucho tiempo y tras sacar algunas fotos, tener algunas
charlas y tomar alguna gaseosa (el vicio de la gaseosa con hielo
sencillamente me puede) partí en viaje de regreso.
Durante la
vuelta pensé que quizás este lugar dure poco tiempo
haciendo salsa, y sería una verdadera pena que así
suceda, a toda la gente que aprecié disfrutando de aquella
propuesta impulsada por “Truji y Gregorio” le estarán
censurando su manifestación de alegría.
La incomprensión,
la actitud desaprensiva, la necesidad de culpar al otro de males
propios, la incapacidad de renovarse, las carencias creativas,
las actitudes mafiosas, los vínculos delictivos, la corrupción,
son males de estos tiempos, y en ambientes como el salsero parecían
no existir pero…
El post Cromagnon
ha servido para que algunos justifiquen sus actitudes a través
de querer “hacer cumplir la ley” buscando la paja
en el ojo ajeno y en lugar de actuar contra la irracionalidad
de las disposiciones se inclinan por la delación, por sostener
falazmente atribuciones exclusivas o por regodearse de la desgracia
del prójimo, es lamentable que exista gente que en situaciones
como estas exhiba sus peores miserias.
No se si estas
letras servirán para la reflexión, ojalá
así suceda y pueda seguir yendo, aunque sea solo un rato
a sacar fotos y tomar alguna gaseosa a estas fiestas que se desarrollan
en lugares no tradicionales de la movida.
Agosto
2006