“Como bailarín
la experiencia de Las Divas fue muy piola, pero tengo que priorizar
algunas cosas y tengo primero la salsa que ya es mi forma de vida”
Dialogamos
con Julio Rolón, director de la escuela de salsa con mayor
trayectoria en la ciudad, el Grupo y Escuela Sazón, sobre
su participación en la exitosa revista “Las Divas”
durante la temporada de verano en Mar del Plata. Además hicimos
un poco de historia y nos adelantó todos los proyectos del
grupo Sazón para este año.
Cómo
empezó esto de participar en la revista: “Las Divas”
de Darío Squillaci”?
Mirá,
nosotros a los productores los conocemos desde hace mucho tiempo.
Antes de que la revista rosarina comenzara nosotros ya trabajábamos
con Manuel Cansino, que es el productor de Rosario. Manuel es un
actor, ahora director, a quien siempre le gustó el Music
Hall. Antes de comenzar, en sus inicios, él organizaba cena-shows,
fue así cómo nos contrata para sus cenas. Y creo que
sólo en la primera pudimos estar, porque ya la segunda coincidía
con un viaje a Puerto Rico que teníamos nosotros. Ahí
ya nos desvinculamos, él empezó a buscar por otro
lado y siempre le quedó la idea de trabajar con nosotros.
El tema es que con la escuela y nuestra agenda, y todo lo que eso
significa se nos hacía medio difícil.
¿A
ustedes Manuel los conoció a través de la salsa?
Sí.
O sea, básicamente a través de la salsa. Pero él
sabía mi antecedente como bailarín y coreógrafo
en general.
Después
de un tiempo, mientras yo seguían en la dirección
de Sazón y con el tema de la salsa, Manuel decide hablar
con Marcelo para que se integre al proyecto de “A reír
con la revista”. Esa fue una gran satisfacción para
nosotros porque cinco de los bailarines del elenco eran de Sazón.
Recién cuando sale el proyecto de ir a Mar del Plata, Manuel
vuelve a hablar conmigo.
¿Te
propone viajar a Mar del Plata con esa obra (A reír con la
revista)?
No, ya con Las Divas. Yo acepto su propuesta de sumarme, pero con
la condición de volverme en febrero. Porque un mes podía
dejar la escuela pero más no. Esto fue en el 2005.
Fue muy piola, muy constructivo, hecho a pulmón, pero tuvo
sus frutos. Empezamos en una sala muy chiquita, muy desconocida.
¿Qué
sala era?
Era
en el Auditorio Shopping Peatonal. Era un lugar...no muy lindo.
¿Pero
hay que empezar en algún lado, no?
Sí,
lógicamente, era empezar. A raíz de esto, unos productores
asociados que él tenía en Mar del Plata deciden llevar
la obra al Roxy, un teatro muy grande donde podíamos compartir
el escenario con Florencia Peña y Guillermo Fernández
por ejemplo (ellos hacían otra obra). Y ahí fue estar
en calle San Luis, donde la gente se convocaba por el sólo
hecho de que estábamos en ese teatro. Fue una etapa muy buena
de Las Divas.
¿Esto
ocurrió en la misma temporada?
Fue
en el mes de febrero del 2005, sí. De allí, tuvimos
la suerte que productores de Buenos Aires vieran la obra y les gustara.
Por eso la compraron y el primer proyecto fue traerla a Rosario.
Estuvimos en Rosario, en la sala Mateo Booz dos meses y medio. Y
de allí nos fuimos de gira con Las Divas: una experiencia
muy muy buena. Empezamos yendo al Uruguay, después a Entre
Ríos, Corrientes, Chaco, y terminamos haciendo la temporada
de invierno en Carlos Paz.
¿Siempre
con el mismo elenco?
Sí,
siempre con el mismo elenco y con la misma producción. Te
digo como artista, lo piola de esto me pareció que era llegar
a cada ciudad y encontrarla empapelada con nuestras fotos, dos camiones
con gigantografías de 8 x 3 que daban vueltas permanentemente
haciendo la publicidad. Y bueno, en Corrientes tuvimos la oportunidad
de bailar en el teatro más antiguo de Latinoamérica.
¿Siempre
con una respuesta del público pareja?
Sí,
en Uruguay por ejemplo pedían que volviéramos, pero
era ya un tema de la apuesta económica de los productores.
Implicaba mucho traslado. Era un gasto grande, éramos 15
personas y eso implicaba: alojamiento, comida, sueldos, transporte...
¿Y
estas 15 personas eran todas de Rosario?
Sí,
desde el elenco a los técnicos todos de Rosario.
Se
formó acá pero estrenaron en Mar del Plata...
Sí,
el elenco rosarino estrena en el 2005 en Mar del Plata. Después
volvió acá y se fue de gira... y quedaba pendiente
una cosa de Buenos Aires que no se llegó a hacer.
En
2006 volvemos a Mar del Plata con esta producción de Buenos
Aires y era totalmente diferente al año anterior: un teatro
con una marquesina en la peatonal Rivadavia impresionante, con dos
camiones en Mar del Plata. O sea: las compañías grandes
en Mar del Plata tienen estos mismos camiones, pero uno sólo;
Las Divas tenía dos camiones.
¿Cuál
era el teatro?
El
teatro La Campana, muy lindo, muy coqueto. Y nos fue mucho, mucho
mejor que el año pasado, en cuanto a lo económico
también. En ese teatro había otras obras, pero por
cuestiones de público supongo, se fueron levantando y la
única que quedó fue Las Divas. Incluso en marzo se
extendió la temporada.
¿Y
la piensan traer acá otra vez?
No
sé si va a venir a Rosario. Lo que sí ya está
cerrado es un teatro en Buenos Aires en la calle Corrientes y después
se retoma una gira nacional. Entiendo que hay gente de Tucumán
y de Comodoro Rivadavia que la había pedido, pero los detalles
los desconozco porque me vine un mes antes. Fue una experiencia
muy piola.
¿A
ustedes como bailarines les dio ventajas, es decir: los conoció
más gente, los llamaron de otros lugares, por ejemplo?
En
Mar del Plata el primer año nos conocían más
por el Grupo Sazón los salseros de allá, que por Las
Divas. Pero al poquito tiempo ya nos reconocían como los
bailarines de Las Divas, te ubicaban, te individualizaban, fue una
experiencia muy linda el contacto con la gente. Y después
te conocés con mucha gente del medio: con otros elencos de
otras obras; porque vamos a cenar juntos está bueno, es una
forma de poder conectarte con el medio. Como experiencia fuera de
la salsa está muy buena, te da un training que... estar haciendo
función todos los días, los sábados doble función,
te da un trainning. Además de eso nosotros dábamos
clases en dos balnearios top de Mar del Plata como son el Balcón
y Mirador 9. Dábamos clase de gimnasia o de baile también
y hacíamos shows privados.
O
sea, les surgieron otros trabajos a raíz de esto.
Sí,
tuvimos otros trabajos muy piolas que te van abriendo puertas. Ya
en el balneario el Balcón ya es el segundo año que
estamos y la gente te va conociendo. Ahora con el hecho de ir a
Buenos Aires más todavía.
Ya
además no vas limitado como salsero, sino como bailarín
lo que da muchas más posibilidades...
Vas
como bailarín sí. Para mí fue como volver a
mi origen, porque hace 20 años estaba haciendo esto, después
dejé porque me dediqué más a la salsa. Pero
volver fue para mí un desafío lindo. Yo en lo personal
estoy muy comprometido con el tema de la salsa y con mi escuela
por lo que se me complica seguir con este ritmo. Yo tengo que priorizar
algunas cosas y tengo primero mi trabajo, mi escuela, la salsa que
ya es mi forma de vida.
Con
respecto al espectáculo de revista en sí, ¿qué
opinás de lo que ofrece Rosario en este momento?
Entiendo
que el año pasado hubo como un auge en el que surgieron un
montón de cosas, y bueno, hay una realidad económica
que jode. Juega en contra y es muy difícil para los elencos
chicos o desconocidos, hacerse el camino. Nosotros tuvimos la suerte
de que esta producción de Buenos Aires nos trataron muy bien,
teníamos muchos privilegios, que por ahí un elenco
desconocido que lo hace a pulmón no los tiene. Y lo sabemos
porque el primer año nos pasó eso y el segundo año
nada que ver.
Pasaron
por todas las etapas...
Claro,
pero por ejemplo nos pasaba que elencos chicos de Mar del Plata,
que hace cinco o seis temporadas que están, nos miraban:
la marquesina, los camiones... y hacía dos años que
estábamos y decían: “Estos qué trajeron????”.
Y bueno, para nosotros fue una experiencia muy muy linda.
Y
con respecto a lo que se está haciendo acá, hay una
producción que yo conozco solamente de afuera. Y me parece
muy piola porque ahí hay muchos artistas de Rosario a quienes
se les paga por su trabajo y por suerte, porque es así, se
tiene que hacer así. De lo que yo conozco ahora es Glamoreé
y me parece bárbaro todo lo que esta producción genera:
tanto laburo, así que hay que apoyarlos.
Pasando
al tema de la escuela Sazón. ¿Tienen proyectos para
este año?
Sí,
hay muchos proyectos. Lo más sobresaliente para este año
es que nos estamos mudando. En el mes de mayo nos mudamos a una
casa nueva mucho más cómoda, mucho más apropiada,
lo que nos lleva mucho tiempo y representa una inversión
también. Tiene tres salones de baile, vestuarios, oficina,
recepción y garage. Está bueno como estudio y se van
a poder integrar otras disciplinas. Estamos en tratativas con otra
gente de la danza. Siempre con lo que tiene que ver con la formación
integral de un bailarín. Así que eso nos está
llevando mucha energía. Además la escuela funciona
muy bien.
¿Cuántos
alumnos son ya?
Mirá
en registro tenemos 300, por eso el lugar nos está quedando
muy chico. Tenemos un staff de instructores que son excelentes,
entonces nos podemos apoyar en ellos.
¿Quiénes
son?
Soledad
Ávila, Laura Acevedo, Elizabeth Ferreira, Sergio García,
Marcelo y yo. Ya eso es un gran apoyo para nosotros y una seguridad
de que la gente va a aprender al menos con la escuela que nosotros
hemos aprendido.
Y
el otro tema es que la producción de Fernando Lourido que
trabaja con nosotros se sigue moviendo bárbaro para los eventos
que organizamos. Ya estamos organizando el Congreso Internacional
de octubre y hay otro proyecto por ahí que tiene Fernando
de un teatro... él anda en esas cosas, y cuando eso esté
cerrado también lo vamos a realizar.
Es
un equipo grande que trabaja...
Más
allá de eso es un equipo piola de gente que cada uno en lo
suyo hace un laburo bárbaro, entonces nos estamos manejando
en eso. Creo que es lo que más tiempo nos está llevando.
¿En
un primer momento la iniciaste vos sólo a la escuela?
No,
con Marcelo. En realidad cuando yo lo conocí a Marcelo él
ya tenía su grupo de alumnos y ya estaba laburando. Yo venía
como bailarín y cuando empezamos a trabajar juntos, yo empecé
como coreógrafo y ya en el segundo año estuve en la
dirección. Pero siempre laburamos los dos.
En
el comienzo fue duro y estábamos solos. No teníamos
acceso a muchas cosas. Es que Rosario como es así de linda
también es chica y al principio fue una constante: a veces
el hecho de que las cosas te salgan bien alguna gente no lo resiste.
Y tuvimos muchos inconvenientes, pero los pudimos sortear: cada
cosa que se nos presentaba era para mejor: Así llegamos a
Puerto Rico, así fuimos a laburar a República Dominicana,
así llegamos a Estados Unidos y no hemos podido ir a Europa
aun por una cuestión económica en cuanto al ballet,
pero está pendiente. Siempre hicimos todo en forma privada.
Recién a partir del 2004 con la producción de Fernando
Lourido la municipalidad empezó a fijarse en nosotros y pudimos
tener a disposición el Monumento, el CEC (Centro de Expresiones
Contemporáneas), lo cual no tiene precio. Pero en cuanto
a viajar y a representar Argentina siempre nos manejamos en forma
privada, lo que se hizo más difícil después
de 2001. Igualmente ya tengo chicas en carrera que están
como locas ahorrando y eso es lo que vamos a hacer próximamente.
¿El
nombre del grupo lo pusiste vos?
La
historia del grupo fue así: teníamos que presentarnos
en una competencia en el Parque España. Marcelo fue a buscar
las bases para inscribirnos y te pedían un nombre artístico
del grupo. Tirábamos nombres, yo no me preocupé tanto.
Y Marcelo me dijo: Sazón, por eso dijimos Grupo Sazón.
También tenía que ver que en ese momento era el hit
de Celia Cruz. Ni siquiera había ballet en ese momento, porque
los que bailaban no eran bailarines.
¿Es
que eso pasa con la salsa.... la mayoría de los salseros
no son bailarines...
Sí,
pasa, por eso yo digo que el mérito es doble, porque sin
ser bailarines han hecho trabajos bárbaros. Porque han logrado
una técnica espectacular. Yo por haber estudiado antes toda
la técnica del baile sí la tenía, pero el resto
del grupo no.
¿Marcelo
tenía base de otro tipo de danzas?
Marcelo
empezó con el tema de la salsa creo que por accidente y le
gustó. Después empezó a tomar clases en Brasil,
en una academia muy grande que hay allá de todos bailes de
salón. En esa época también se bailaba lambada
y por eso Marcelo enseñaba lambada también, pero formación
de bailarín no tiene. Empezó directamente con el tema
de la salsa.
¿Y
qué opinás con el tema de la salsa en Rosario... me
refiero a salseras, todo lo que la ciudad ofrece en cuanto a este
tipo de danza?
Mirá,
como lugar salsero me gusta mucho Willie Dixon: todo lo que es la
infraestructura del boliche. Nosotros tuvimos salseras, salseras
únicamente, donde solamente se escuchaba salsa y eran salones
de fiesta. Salones muy lindos, con piso de parquet, con escenarios,
con aire acondicionado.
Es
decir, lugares hechos para bailar...
Claro.
A mí nunca me gustó el tema del bar para bailar. Nunca
me gustó el lugar que te corren una mesa para que bailes
un ratito, pero bueno, es lo que hubo mucho tiempo. Y Willie Dixon
te da la posibilidad de un boliche salsero, entiendo que comercialmente
hay que mezclar la música, por lo que es el mercado comercial
salsero: no se podría mantener un lugar así sólo
con los salseros. Y no hablo sólo de los Rosarinos, el tema
del salsero gasolero se ve en todas partes.
¿Y
creés que no hay un lugar mejor por el tema económico
nomás?
Sí,
por supuesto. Yo dejé de tener la salsera cuando yo tuve
que poner plata para cubrir gastos. Lo hice una vez y después
dije no.
No
está la conciencia de pagar por lo que uno quiere. Y eso
lo veo también en cuanto a preparación. La gente aspira
a prepararse sin pagar, y quienes dan clases se han preparado y
han hecho una inversión: si vos querés prepararte
tenés que pagar por eso. Si querés ir a un buen lugar
también tenés que pagar por eso, no podés exigir
el lugar, la música, el piso, el escenario, y todo barato:
tenés que pagar por eso.
Y
Willie Dixon me parece que tiene toda la magia de un boliche y en
la medida que los salseros vayan se va a poder seguir manteniendo.
Después hay otros lugares que se están abriendo y
está bueno, yo creo que hay que apoyarlos.
Sea
de quien sea...
En
lo que yo pueda, creo que hay que apoyarlos. Cuando yo tenía
la salsera era todo un tema para que la gente fuera. Yo estuve mucho
tiempo en el Italiano y era todo un laburo, era un riesgo, porque
alquilábamos el salón, corríamos con todos
los gastos, y nos arriesgábamos, o sea, estar en un bar no
representa un riesgo de nada. El lugar estaba bueno, era lindo,
y cuando se termino la gente decía “y por qué
no lo hacen, era tan lindo...” Es como que cuando lo tienen
no lo valoran, y cuando no lo tienen lo quieren de nuevo, la gente
tiene esa cosa. Por eso digo lo de Willie Dixon: si viene gente
de afuera y yo los quiero invitar a un lugar cómodo, agradable,
tengo ese boliche.
Igualmente
no es como las salseras de Buenos Aires, que están hechas
exclusivamente para eso...
Es
que manejan otros valores en Buenos Aires, hay mucha más
gente, la realidad económica es otra y una entrada de diez
pesos no les significa nada. Y acá diez pesos no los paga
nadie.
Sí,
salvo si traés una banda o algo diferente...
Así,
pero traer una banda por diez mangos no se puede tampoco. Mirá,
una vez visité el boliche BONGÓ de Gloria Estefan
en Estados Unidos la entraba costaba 10 dólares (lo tengo
filmado porque dije: se los tengo que mostrar a los chicos en Rosario),
una vez había una banda y la entrada costaba 40 dólares.
La gente iba y lo pagaba, está bien es otra realidad económica,
pero es otra cultura también: “yo quiero esto bueno,
lo pago”. Está bien, ese boliche es una locura, no
se compara con nada. Lo que fue bailar en ese lugar no se puede
explicar. Pero bueno, creo que es cultural la cosa.
¿No
tiene que ver también con que haya mucha separación
entre los grupos?
Eso
pasa siempre. Por ahí acá se nota porque es más
chico. Además es un tiempo, yo nunca le dediqué mucho
tiempo a eso porque será que siempre tuve tantas cosas para
hacer que no me daba el tiempo para eso.
Yo
me acuerdo cuando nosotros hacíamos la salsera en el club
Italiano, hicimos muchos eventos, trajimos gente de Buenos Aires,
fiestas en las que iba todo el mundo. Y por ahí el comentario
de: “mirá cuánta gente, cuánta plata
estarán haciendo Julio y Marcelo”. En primer lugar
que nada más lejos, porque era más un capricho de
tener un lugar lindo para bailar que una cuestión comercial.
A raíz de eso qué pasó, “mirá,
estos deben estar haciendo la plata, vamos a poner una salsera!”.
Y bueno, el tema fue “vamos a poner una salsera” pero
no arriesguemos nada, ahí empezó el tema de los barcitos:
entonces en Rosario había un lugar muy lindo de salsa que
cobraba tres o cinco pesos la entrada y había tres barcitos
donde se corrían las mesas que no te cobraban nada. Y en
Rosario para tener un lugar bien puesto, y con gente que a vos te
den ganas de ir porque cuando te ves todo el tiempo con la misma
gente te aburre, está bueno. Pero para un lugar y tres lugarcitos
más mmmm.... ahí empezamos mal. Y después se
empezó con el tema de: bueno, vamos a hacer salsa los miércoles,
jueves, viernes, sábados, domingos... Rosario no es para
eso, porque vas a tener veinte cada día o uno te va a funcionar
y tres no. Entonces esa falta de criterio, de visión, hace
que todo sea mediocre.
En
lugar de unirse por la salsa... por algo común....
Es
que están las cuestiones personales que son más fuertes
que ellos. No está la unión en la naturaleza evidentemente,
es como en el tema de los instructores: hay una fascinación
por parte del alumno por llegar a ser profe. No existe un profesorado
de salsa, ni siquiera un instructorado a nivel oficial de salsa,
pero tienen una ilusión de ser profesor de salsa, matan por
eso y cuando llegan hay cada golpe porque obviamente se encuentran
con una realidad que no es la que pensaban. El compromiso de ser
docente va mucho más allá del ego de pararme delante
de alguien y ponerme a enseñar. Es un compromiso que cuando
te subiste... a lo mejor te resulta fácil subirte porque
siempre va a haber gente que no sabe nada y se maravilla que vos,
pero después el tema es mantenerlo.
Yo
recibí gente acá, alumnos que venían a tomar
clases porque al profesor al que iban se le habían quemado
los papeles, ya no tenía más que enseñar. Qué
triste es eso para un profesor, que el alumno te pida algo que no
podés dar porque no lo tenés.
Creo
que si la gente tomara conciencia de lo que es la preparación
para enseñar, no tendrían tanto esa cosa de fascinación,
por querer ser profe. Yo me encuentro con alumnos que han tomado
dos meses de clases dan clases. Después se les pasa. La realidad
les demuestra otra cosa.
Nosotros,
creo, que esta es la escuela que tiene más trayectoria del
país, sin interrupción, o sea sin esos cambios de
gente, de ir y venir, etc. Pero no es casual, uno le ha dedicado
la vida a esto, mucho tiempo, mucha cosa de lo personal y bueno,
también pasa por eso que quizás no se ve. Cuántos
están dispuestos a no tener vida privada por estar todo el
tiempo con gente, y el compromiso de tener siempre algo que enseñar.
Sí,
el compromiso de tener algo que enseñar, algo que mostrar
para los de afuera....
Por
eso, no es tan fácil como se puede llegar a ver. También
noto que en otro aspecto es muy gratificante, porque hay lugares
y hay gente que te reconoce esas cosas. Hace quince años
me hubiese parecido imposible poder llegar a donde estoy, pero la
salsa te va llevando de una forma increíble, personalmente
estoy muy feliz con mi trabajo.
Abril
2006
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