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Indice
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La Timba
(CONTINUACIÓN)
por Leonardo
Acostal
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La
Nueva Timba
La
nueva timba se inició propiamente cuando José Luis Cortés
(El Tosco), luego de tocar con Van Van y con Irakere
- flauta y saxo - formó su propia agrupación, a la que concurrieron
otros integrantes de Irakere: N.G. La Banda, que manifestó
su primacía con el orden: "La Banda que manda". Fieros
pasajes de los metales, arreglos elaborados imprecisos del propio
Cortés (tanto en su primera etapa como después), patrones rítmicos
derivados de la rumba y la música yoruba de la santería (las dos
fuentes afro-cubanas más discriminadas), más unos textos "rastreados"
en un contexto de "llamado y respuesta" (solista y coro) son algunos
de los rasgos principales de la banda y, en términos generales,
de toda la timba.
Además de NG,
la agrupación más "caliente" del movimiento timbero es quizás La
Charanga Habanera dirigida por el versátil David Calzado,
que ya no es propiamente una charanga. También está Manolín,
el autonombrado y polémico Médico de la Salsa, así
como Paulito Fernández (y su Elite),
joven cantante muy popular entre las muchachas a quien algunos consideran
como una especie de Elvis de la timba. Su principal
contrincante sería Isaac Delgado, ex cantante de NG, con
una banda y estilo más relajado que se acerca a la salsa romántica
y erótica de Nueva York y el Caribe. Pero hay muchas otras bandas
que arrastran al público, y ahí están Dan Den, Pachito
Alonso y sus Kini Kini, Yumurí y sus Hermanos, Manolito
y su Trabuco, Bamboleo y... elija usted. Y ahí está Adalberto,
y siempre los Van Van.
Estas
bandas de los años 90 comparten sonidos tersos de metales, una front
line de cuatro o cinco alientos (trompetas, saxofón, trombones)
conformada según el modelo de Irakere, y un virtuosismo de metrónomo
en toda la secciones, que incluye algunos excelentes solistas de
jazz latino. Además hay desconcertantes cambios de ritmo y tempo
que hubieran sido una ordalía para los bailadores tradicionales.
Tanto la música como la forma de bailar poseen una espontánea, o
deliberada agresividad, pero lo que realmente molesta a los "espíritus
apolillados" (como diría García Caturla) es la jerga de la calle,
manifestación del carácter a la vez festivo e irreverente de toda
cultura popular. Las letras timberas son calificadas de "vulgares,
violentas, machistas, chabacanas", en esa letanía de epítetos que
se repite contra lo afro-cubano desde los "tiempos de España" con
celo inquisitorial (4).
Acaso
pudiéramos comparar la timba con el gangsta rap de los ghettos norteamericanos,
cada cual en su contexto, desde luego. Porque lo que más parece
molestar a los detractores de aquí son las alusiones a las "jineteras"
y el "jineterismo". Muchos parecen pensar que la prostitución
es sólo un hecho social o una contravención a lo orden, y olvidan
su lugar en la mitología y las religiones antiguas, en literatura,
pintura y la música, así como en las culturas populares (5).En
este último contexto la "jinetera" no es una prostituta, sino un
símbolo de la lucha por la supervivencia y por ganarse un espacio
individual propio. Y claro, esta lucha engendra a menudo actitudes
egoístas, choques de intereses, avaricia, "guerra de sexos", envidia,
y hipocresías, chismes y "broncas de solar" (y fuera del solar).
Piedras de escándalo para publicistas y teóricos puritanos.
Los
timberos responden a los ataques señalando que sus letras sólo dicen
lo que ya escuchamos y vemos cotidianamente en los barrios populares
y que en el mundo paralelo de entorno turístico. Plantean que su
popularidad proviene precisamente de que la gente se identifica
con lo que está sucediendo a diario en la calle. En términos generales,
la verdad es que esta "salsa cubana" o timba ha hecho
resurgir la efervescencia en el ámbito musical cubano tras décadas
de salones de baile cerrados y que logró revitalizada repercusión
en los espacios televisivos. Las jóvenes orquestas de este movimiento
han hecho revivir con sus grabaciones, presentaciones en vivo y
giras internacionales, lo que una vez más fue uno de los negocios
más fructíferos de la Isla: el de la música popular. El único peligro
que vemos siempre acechante es el de la repetición, que a su vez
trae estancamiento, lo cual sólo puede evitarse con creatividad,
innovación constante y la negativa a conformarse con la fórmulas
establecidas por otros. Pero en líneas generales, si hay algo que
pueda revitalizar (ya lo está haciendo) la debilitada escena internacional
de la salsa y la música latina y caribeña, la palabra clave no es
otra que timba.
Notas:
(1)- Esta fue casi una consigna de los medios de comunicación en
los años 70 y 80, y los que aún la sostienen son hoy partidarios
de una "nueva trova" que ellos mismos combatieron cuando ese movimiento
se iniciaba.
(2).- Pérez Prado logró hacer en la Habana un disco sencillo que
apenas llegó a la distribuirse, y por la misma época fracasaron
los nuevos ritmos Batanga de Bebo Valdéz y Cubicop del Niño Rivera
(3).-
El término para definir la década lo tomamos en el ya clásico libro
de Cristóbal Díaz Ayala: Música cubana del Areíto a la Nueva Trova,
San Juán, 1981.
(4).- No incluimos aquí opiniones como las Helio Orovio y otros
que han criticado la mala calidad de algunas letras, pues independientemente
de lo a arriba señalado, sin duda existe bien con mal hechas.
(5).- Para un ejemplo cercano , el escritor uruguayo Eduardo Galeano
se ha referido a la inclusión de una famosa prostituta brasileña
en el panteón religioso de Río de Janeiro. John Kiske ha hecho una
interpretación del culto a la superestrella Madonna como expresión
de el "poder femenino" en su libro "Reading the popular", Londres,
1990.
Tomado de Revista "Salsa Cubana", N° 6, Diciembre 1999. La Habana,
Cuba.
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