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Indice
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La Timba
(CONTINUACIÓN)
por Leonardo
Acostal
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1960s
En los años 60, marcados mundialmente por la furia roquera, surgieron
en Cuba interesantes "nuevos ritmos" como la Pachanga
de Eduardo Davidson, el Pa'cá de Juanito
Márques, el Pilón de Pacho y Bonne y el
Mozambique de Pello el Afrokán, atrayendo
multitudes bailadoras a los espacios tradicionales y otros que se
abrían para el baile. No obstante, ninguno de estos estilos duró
lo suficiente: dos de sus creadores (Davidson y Juanito Márquez)
partieron para Estados Unidos, y el Mozambique tuvo enconados detractores:
los de siempre. Tiempos difíciles, áridos, esperaban a la música
bailable cubana. En1968 todos los cabarés y salones de baile fueron
cerrados al menos un año, y muchos jamás volvieron a abrir sus puertas,
con lo cual se dislocó la escena musical durante casi dos décadas.
Pero incluso en los peores momentos,1968, comenzaba a sonar algo
nuevo: era la charanga de Elio Revé con su entonces casi
desconocido arreglista Juan Formell, ex-bajista de Juanito
Márques.
En
1969 Juan Formell organizaba los Van Van y con el percusionista
Changuito (José Luis Quintana) y el ritmo songo,
obtuvieron inmediatamente popularidad através de discos, radio,
televisión y los pocos espacios para el baile que sobrevivían. Partiendo
del formato tradicional de la charanga, el innovador Formell no
cesó de experimentar: empleo guitarra eléctrica, dúo de flautas
y finalmente añadió una sección de trombones, mientras la sección
rítmica pasaba por cambios similares con las innovaciones de Changuito.
Pero tal como en el pasado, esta y otras orquestas de los 70 tendrían
problemas con algunos textos de sus números, censurados en ocasiones
por funcionarios de los medios de comunicación. Otras orquestas
que brillaron en esa árida década fueron Irakere, Ritmo
Oriental, Karachí y la Original de Manzanillo,
todas con formatos y estilos bien diferentes.
1970s
En
1973 surgió Irakere, otra de las bandas que revitalizaron
la escena musical cubana, dirigida por el pianista Chucho Valdés.
Irakere fue capaz de tocar con igual maestría el jazz latino, jazz
rock y música bailable cubana, empleando una "línea del frente"
de dos trompetas y 2 saxos que serviría de modelo a muchas de las
agrupaciones surgidas en los años 80 y los 90, la "década de la
timba". Contando con grandes solistas de jazz Irakere también contribuyó
a la auge del songo, y amplió el ámbito de la percusión al incorporar
los tambores batá y los güiros chekeré, antes presentes sólo en
ceremonias religiosas, en algunos shows de cabarés o en el contexto
sinfónico de la vanguardia afro-cubanista. Fue gracias al trabajo
de Óscar Valdés hijo que entraron a formar parte de la corriente
central de nuestra música bailable.
Van Van e Irakere
- sin desconocer a las otras agrupaciones citadas- se mantuvieron
al frente de nuestra música bailable por dos décadas, ganando al
mismo tiempo reconocimiento internacional, tan importante en cualquier
país y mucho más en Cuba, donde casi nadie ha sido "profeta". Esto
ocurrió además en los momentos en que la salsa de Nueva York y el
Caribe alcanzaba su máximo esplendor y éxito, para desazón de los
veteranos músicos cubanos de los "fabulosos años 50" y de los medios
burocráticos musicales (o anti musicales) de la Isla (3).
Pero si su reacción contra la salsa fue extremista y negativa, los
más jóvenes músicos cubanos reaccionaron positivamente e intercambiaban
ideas y experiencias con los salseros caribeños o "nuyoricans" durante
sus giras por Europa y América latina.
1980s
Varias
nuevas orquestas capitán la atención del público en los 80, principalmente
Son 14, dirigida por Adalberto Álvarez, que produjo varios
hits nacionales y complació a todos los gustos al combinar al son
tradicional con arreglos y conceptos más contemporáneos. Esta última
línea la siguió su director con su próxima agrupación a la Adalberto
y su Son. En resumen, podría afirmarse que tres orquestas
con formatos, sonoridades y conceptos diferentes, Van Van,
Irakere y Son 14 crearon las bases
para lo que sería en los 90 un nuevo boom nacional e internacional
de música bailable. No es menos cierto que dos factores extra musicales
han facilitado este fenómeno: el apoyo inicial de los medios a un
movimiento que veían como un "contrataque" a la salsa de "afuera",
y también a la necesidad del país de obtener divisas convertibles,
canalizada a través de una industria turística en expansión, lo
cual se tradujo en nuevos espacios para la música y el baile, la
reapertura de algunos salones, las giras al exterior y las grabaciones
con disqueras extranjeras, nacionales o mixtas.
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